El Triclinium

gastronomía y buena vida

27 de abril de 2017

Arroz de la bahía Madrid...

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Entrar a un restaurante vacío produce una sensación nefasta. “¿Vamos a comer aquí que no hay nadie? Vamos a mirar el siguiente…”. Con estas u otras palabras, seguro que han vivido una situación parecida.  Dudo que, de no haber ido a conciencia, hubiera cenado en Arroz de la Bahía (Calle de Zorrilla, 11) pero es de justicia explicar el motivo de tan desangelado aspecto a las 9 de la noche de un miércoles cualquiera de marzo: en este restaurante, como en todos los de la zona, la mayoría de las cosas pasan por el día.


 La fachada de Arroz de la Bahía está justo enfrente de la entrada posterior del Congreso de los Diputados. A su lado, uno de los clásicos más en forma de Madrid, La Ancha, o el vegetariano Al Natural. Si ampliamos un poco más el radio de acción la oferta se dispara. El Parlamento es como un “polígono logísitico” situado en el centro de la ciudad en el que cada día entran y salen cientos de personas entre diputados, ujieres, periodistas, policías… Y esta gente, claro, tiene que comer.
Demetrio Fenech -o Deme, como se le conoce en la profesión- es uno de los socios del Arroz de la Bahía y anfitrión de sus, hasta el momento, únicos clientes de la noche. Una pareja de turistas sudamericanos nos dejarán sin poder decir que tuvimos un restaurante para nosotros solos. Lejos de estar agobiado por la escasa caja que hará en este servicio, recibe relajado y sonriente. Los sudores se quedaron en la hora punta de las 3 de la tarde, cuando se cruzan los que terminan y los que quieren empezar a comer. La mayoría, con prisas.


Perfectamente podría vivir dando comidas pero es de ese tipo de restaurador que disfruta con su trabajo y lo demuestra en todo momento. “Somos el primer restaurante de la zona en abrir. A las 7:30 ya estamos dando desayunos, y así durante toda la mañana, hasta que empiezan a venir los primeros turistas a comer”. Trabajarse a los touroperadores –prepara una carta en cuatro idiomas-amplía el espectro de negocio de Fenech y le permite hacer prácticamente tres turnos de comida. Normal que no le importe estar tranquilo a la noche.

Las referencias que teníamos de Arroz de la Bahía hablaban de un correcto menú del día –Deme nos informó de que además ofrece un menú express por 6 euros- y de un arroz caldoso con bogavante de categoría. Lo teníamos claro pero aun así consultamos. El que más sabe de su cocina también lo tenía. Marchando un arroz con bogavante.

De entrante, puestos a no cargarnos demasiado antes de un plato tan contundente, optamos por una parrillada de verduras. Tomate, calabacín, berenjena, pimiento y varias setas de temporada, acompañado por un alioli no excesivamente picante. En su punto, a un precio acorde con la ración.


Viene el arroz silbando y humeante, recién sacado del fuego. La cazuela da para mucho más que dos raciones generosas. A mí, que la comida caliente me gusta muy caliente, soy de echarme varios poquitos en vez de rebosar el plato. Un guiso, cualquier olla o un arroz no se puede comer frío, ni siquiera templado.


Un bogavante partido en dos mitades y separadas las tenazas asoma entre el caldo y el arroz. Perfecto el punto, hace sencillo el a veces engorroso proceso de llevarse a la boca las piezas de marisco. El cuerpo del bogavante sale solo y las tenazas cedieron sin caer una gota sobre la ropa. Todo un éxito, no me negarán.


Deme preparó para llevar el arroz que sobró y nos sirvió una selección de tartas realizadas en la cocina del restaurante. Sobresaliente la de zanahoria, esponjosa y más ligera de lo que suele ser habitual.

Al café, con la pareja de turistas alucinando con el arroz con mariscos, y el cocinero rumbo a casa, el dueño de Arroz de la Bahía nos desveló alguno de los pequeños secretos que le permiten marcar la diferencia, como el arrozal valenciano del que procede la materia prima clave de la casa. Otro, su mano repostera, que guía al personal de cocina en los postres. Quedamos pendientes de regresar y seguir probando sus dulces. En el arroz, sin embargo, tenemos claro que repetiremos.

RECOMENDACIÓN: pidan un jarrón de cerveza. Sí, como leen. El barro con el que está hecho el recipiente mantendrá el frío durante muchísimo tiempo, algo idóneo en esta primavera que se nos viene encima.

-ARROZ DE LA BAHÍA 

-Ticket medio: 25/35 euros

Calle de Zorrilla, 11, Madrid

10 de abril de 2017

La Santpere, cocina vespertina...

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Al sentarte en la mesa, casi al instante, "Llardons y fuet". Llega la carta y una Estrella Damm bien fría para aligerar el pensamiento. Buñuelos, butifarra del perol, fricando o esqueixada de bacalao. No estamos en cualquier masía del centro de Cataluña. Ni siquiera en alguna casa de comidas de algún barrio de Barcelona. "La Santpere" se ubica cada noche, en el pequeño local que fuera el primitivo Taberna pedraza y que hoy sirve uno de los mejores cocidos de la capital. Casa de cocidos Carmen por el día, la voluptuosa Santpere por la noche.


Santiago Pedraza y Carmen Carro de nuevo afinan el tiro. Con el bulevar de Ibiza como territorio propio ( ojo a la expansión que se prevé para próximos meses ) los Pedraza se sacan de la chistera un restaurante 100% ADN Catalán y además con la misma obsesión por el origen del producto, ya conocido por todos como el "síndrome de Santiago". Y es allí, en esa búsqueda donde radica el éxito.

Asesorados por el cocinero Catalán Josep Armenteros, La santpere ofrece una cocina fiel al recetario tradicional y llena de sabores y calidad. Desde el famoso "Pan con tomate" con tomate de colgar, all i oli y aceite, a unas estupendas butifarras del perol que son una autentica locura.



Estupendos igualmente los buñuelos de bacalao, de sabor suave, nada grasientos y con una textura que acaricia el paladar. Pídanlos.


Tradicionales los caracoles a la llauna. Aunque en este caso, y a pesar de ser un bocado muy apetecible, pecaban de sobrecoccion, nada que no se arregle con la explosión marina de las mejores ortiguillas que hemos comido nunca. Brutal de verdad. Si las tienen, es uno de los imprescindibles de la carta. Las ortiguillas las recibe Santiago vivas, en agua marina, para que la textura no se quede gomosa, como pecan las mismas cuando están congeladas.



De nuevo acierto pleno con la escalivada de verduras (berenjena, pimiento rojo y cebolla de Figueras), que ya habíamos gozado en Taberna Pedraza. Para mi una de las mejores de Madrid. Excepcional el toque ahumado.


Otro plato cumbre en la noche y en la gastronomía catalana son los arroces. En esta ocasión arroz bomba de la tierra en lata, con gamba roja de Palamós. La joya del mediterráneo, no olvidemos que es la misma gamba en Garrucha, en Denia o las aquí citadas, prestan al arroz su potencia y su presencia, pues ademas de buenas son bonitas. Otro imprescindible.


Nivelazo en el Bacalao a la llauna con ganxet. El plato del día junto a las ortiguillas. Una autentica maravilla. Bacalao desalado perfecto de punto con alubias originarias del vallés oriental (Barcelona). Mucho goce.


Cerramos lo salado con dos bocados típicos igualmente: Canelones de carne rustida y albóndigas guisadas con sepia y picada. La carne se hace presente en dos platos muy disfrutables, donde destaca la salsa del guiso de las albóndigas. Mucha potencia.



Crema catalana (estupenda como no podía ser de otra manera), Flan de mató y carquinyolis con mistela como colofón a una reconfortante experiencia. La visita a La Santpere reafirma mi deseo de seguir conociendo mas el mundo Pedraza. Estaremos expectantes a las nuevas sorpresas que esta familia quiera llevar a cabo en su "calle" y para el disfrute de todos los Madrileños.




-LA SANTPERE 

-Ticket medio: 35/40 euros. 

29 de marzo de 2017

Casa Pedro. El talento de los hermanos Carcas.

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Visita a Zaragoza. No demasiadas horas pero sí las suficientes para dar una vuelta por el centro, picar algo y comer con tranquilidad. Apenas hubo lugar a la improvisación, llevábamos la ruta bastante clara: la vuelta, por la plaza del Pilar; el picoteo, en El Tubo; y la comida, en Casa Pedro.

Es parada obligada para los que nos gustan las croquetas, que creo que somos todos, La Ternasca (calle Estebánez, 9). Cinco variedades, todas con la ternasco de Aragón como base, a cual más apetecible. Picadillo con queso de cabra, longaniza con cabrales, de madeja y trufa... esta última la más contundente y sólo apta para amantes de la casquería.


Segunda estación: Doña Casta. Repetimos vinos y pincho. Esta vez merece mención la croqueta de gallina y chocolate. Correctas, y convertidas en clásicas por la gran cantidad de barras donde se ofertan, las de boletus y foie y las de rabo de toro.

Teníamos el tiempo justo para otro pincho antes de ir a comer cuando nuestro cicerone maño preguntó: “¿Os habéis comido alguna vez un guardia civil?”. Nunca, gracias a Dios. Pues este iba a ser el día. Caminamos hasta El Lince (Plaza de Santa Marta s/n) para degustar una de las tapas más famosas de la ciudad. El guardia civil es un montado  “sardina rancia marinada” (como se lee en el cartel del local) acompañada por una rodaja de tomate, pimiento y pepinillo. Ofrecen versión no picante pero, obviamente, optamos por la sardina brava y dimos por bueno el paseo.


“Estamos un poco escondidos”, admitieron después de la comida los hermanos Carcas cuando les preguntamos por la ubicación de su restaurante, Casa Pedro (Calle Cadena, 6), cerca del bullicioso Tubo y de la Basílica del Pilar pero fuera del círculo habitual del tapeo zaragozano. Eso no les impide colgar el ‘No hay billetes’ en un lunes festivo en la ciudad. Su fórmula es dejar satisfecho al cliente y en esperar a que lo cuenten. Y que vuelvan.

En Casa Pedro se puede comer a la carta en alguno de sus pequeños salones o de pinchos en la barra. Diferencian, plantean dos conceptos al gusto del comensal y además ofrecen un menú degustación por 40 euros (bebidas aparte). Tentados estuvimos pero finalmente decidimos pedir a la carta:

Arrancamos con un extraordinario tataki sobre una base de algas y ajoblanco de manzana. Fino e impecablemente presentado, algo que se repitió durante toda la comida.


De ponerse de pie las dos tostas incluidas en la carta. Sardina ahumada con crema de queso, aceituna negra y compota de tomate, una, y anguila ahumada, crema de foie y manzana caramelizada la otra. Los canelones son uno de los platos esenciales de Casa Pedro. Elaborados con pintada, trompeta negra y salsa de boletus, merecen su fama y pedir dos raciones, como hicimos nosotros.



Antes de los principales otra sorpresa. La tortilla con chipirones y su tinta. Muy jugosa, con el punto salado y marino de la tinta. Una​ muestra de esa vena tradicional que quiere mantener esta casa. 


Pescado y carne para finalizar. Merluza asada con un pil pil arrebatador y camarones, bautizada por mi amigo Juan Diego Madueño al ver la foto en Instagram como “la procesión de la gamba” (no me negaran que no es acertada la comparación), y entrecot fileteado ‘estropeado’ al ser pedido al punto para satisfacer a todos los comensales.



Casa Pedro ofrecía durante nuestra visita  a su ya de por sí apetitosa carta de postres una propuesta muy especial. Coincidiendo con la emisión de Top Chef, 23 establecimientos de varias partes de España fueron escogidos para preparar y servir la creación del jurado del programa: Alberto Chicote, Paco Roncero y Susi Díaz. Había que pedirlo, ¿no?


El ‘capricho de Top Chef’ es un financier de frambuesas acompañado de yogur de azahar y naranja y bañado con un chocolate picante, crema de fruta de la pasión y todo ello cocinado con aceite de oliva virgen extra. El restaurante lo acompaña con una copita de moscatel. Pedimos además el tiramisú y la torrija. Lío gordo en el sprint final.



Elegimos para acompañar la comida un vino de la tierra, Garnacha centenaria, bastante mejor sin duda alguna que los ‘riojas’ y ‘riberas’ que tomamos durante la ruta de pinchos previa. Muy amena la charla con los hermanos Carcas durante los cafés (rico rico también). Tienen los pies en la tierra pero no renuncian a todo lo que les puede venir. Quizá tardemos en volver a Zaragoza pero seguro que Casa Pedro volverá a ser nuestro restaurante.

-CASA PEDRO. 

-Ticket medio: 35/40 euros


6 de marzo de 2017

La Trasiega

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El año pasado, incluimos como una de las novedades del año para nosotros, al restaurante "La uva negra"  en Getafe. El chef Iván Castro creó en un diminuto espacio en el centro de la ciudad, un divertido restaurante con una cocina desenfadada y con mucho sabor. Precios comedidos y una bodega cambiante eran parte de la oferta. Pero el reto era trasladar esa cocina a un espacio acorde a su nivel. La uva se había quedado pequeña casi desde que empezó a andar, por lo que a principios de este 2017 se estrena La trasiega.



Situado en una zona futbolera y residencial, como es la mismísima puerta del estadio Alfonso Perez, La trasiega se divide en un espacio de barra y mesas y otra zona en la que se encuentra el salón. La zona de "bar" un viernes noche, estaba a reventar. Según Iván, entre semana la afluencia de parroquianos baja bastante, como es normal. Pero los días de fútbol, de nuevo es una autentica locura. Es en esta zona donde se mantiene el "canalleo" mas propio de la uva, con bocados y raciones a compartir. La zona del salón presenta los tradicionales entrantes, carnes y pescados. Ademas de poder consumir en mesa los bocados de la barra. Pero para nosotros la estrella de la casa es el menú degustación a 30 euros, bebidas aparte. En nuestra primera visita, nos dejamos llevar por el chef, que es donde realmente puedes calibrar su ingenio.


-Comenzamos con una "Carbonara marina". Los tallarines se realizan con tiras de las pencas de unas acelgas rojas. Muy bueno. El punto cremoso lo aporta una yema semi curada, algo de queso y el mar se crea con unos erizos. Platazo. Para repetir muchas veces.


-"Vieiras, coliflor y trufa". Un plato que se huele y se disfruta. La virtud de la sencillez.


- Otro plato que disfrutamos bastante, "Alcachofas confitadas y tuétano". La salsa está para ponerle un piso. Intensa y diferente. Aquí se moja mucho pan, se lo aseguro. Las alcachofas, también merecen mención. Suaves y delicadas. La reina de las verduras.


- Saltamos de nuevo al mar, con un "Pargo, guisantes y jugo de sus espinas". De nuevo el chef impone intensidad al jugo, lo que agradece el pescado y sobre todo los guisantes. La mezcla funciona y se saborea con placer. Único pero, el pargo andaba algo pasado de punto.


- Terminamos los platos salados, con otra grata sorpresa. "Ravioli de ricota y carrilera al xerez". Salsa por la que pagar, muy potente. Se compensa con la grasa del queso y sobre todo la carrillera. De nuevo el conjunto funciona. Buen cierre.


Entre los postres destaca la siempre presente "Torrija" (de las mejores que he probado) y la "crema de queso, frambuesa y galleta". 



En una segunda visita recientemente, tuvimos la oportunidad de probar algunos platos más, como las croquetas, una curiosa ensalada de tomate rallado, cecina y brotes (divertida propuesta) y un potente steak tartar, para mi perfecto, pero para el resto de la mesa algo subido de picante.




De los principales destacar el "Cochinillo y anguila" el otrora plato estrella del restaurante La Cabra, que Iván realizaba justo al conseguir la estrella. Jugoso, con el toque ahumado de la anguila. Un plato ganador, desde luego. Igualmente disfrutable el "Cordero con parmentier". Plato sabroso.



También tomamos  un Bacalao perfecto de punto, pero algo falto de sabor, y una merluza con tomate seco, en el que de nuevo la salsa eleva el producto al máximo.




En definitiva, gran apertura la de La Trasiega. Mucha suerte tiene Getafe de contar con la cocina de Ivan. Con este espacio gana la cocina y el cliente. Mucho mas disfrutable y cómodo para ambos. Sitio al que ir, no lo duden.


-LA TRASIEGA 

- Av. Teresa de Calcuta, 12, Getafe ( Madrid )

-Ticket medio: 25/30 a la carta. 30 euros sin bebidas, menú degustacion. 


6 de febrero de 2017

Ribera Navarra, un cocido sorpresa..

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La Escalera de San Fermín es la excusa de los devotos de la fiesta española más conocida en el resto del mundo para reunirse e ir calentando el ambiente los meses previos al esperado siete de julio. Consiste en juntarse en torno a una mesa los días que “manda” la canción (“Uno de enero, dos de febrero…”) y en la medida de las posibilidades alargar la cosa con pacharanes y cánticos populares.

Se trata de completar los siete peldaños de la escalera pero debido a trabajo, hijos u otros condicionantes es complicado que así sea, por eso cuando los astros permiten que una cuadrilla se junte casi al completo hay que celebrarlo. Y así fue el último dos de febrero, cuando un grupo de sanfermineros madrileños celebramos que ya sólo faltaban cinco meses y cuatro días para el Chupinazo en el restaurante Ribera Navarra (Calle Málaga, 3 Madrid).

En la carta de este establecimiento confluyen los elementos básicos de la cocina navarra, entre los que destacan numerosas opciones verdes, pero si por algo va cogiendo fama es por su cocido madrileño. Esto sorprende y pica la curiosidad. La lluvia y las nubes en el exterior hacen el resto. Cocido para todos.

La extraordinaria sopa del primer vuelco y el descorche de una botella magnum de Príncipe de Viana nos hizo entrar en calor definitivamente. Reducida pero bien seleccionada la bodega y buena idea ofrecer botellas de litro y medio a grupos grandes, algo que debería convertirse en habitual en todos los restaurantes.


Cebolla, guindillas y tomate acompañaron la llegada de la bandeja con repollo, zanahoria, patata y el relleno. En su punto el repollo, algo más flojo lo demás, sobre todo el relleno, quizá porque en mi casa se ha comido siempre el mejor del mundo.
Los garbanzos y la carne terminaron de montar un festín en el que cada uno elige y mezcla según sus gustos. No hay dos personas que coman el cocido igual. Me parece un acierto que después de la sopa se ponga el resto de vuelcos sobre la mesa a la vez y que cada palo aguante su vela.


Grandísimo cocido el de Ribera Navarra, en definitiva, y digna de mención la honestidad del mesonero ante nuestra ambición de añadir entrantes: “Si vais a comer cocido no pidáis nada más”. Aun así, y tristemente, sobró bastante. De postre, tarta de queso y leche frita. Casero, casero. Gran colofón a una primera visita que merecerá más.

Detalle de tarta con bocado. Las prisas de alguno...


 -RIBERA NAVARRA.

- Calle Málaga, 3, Madrid

-Cocido completo: 22 Euros.